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Nuestra principal fuente de fortaleza

¿Adónde corres en busca de fuerza en momentos de dificultad? Algunos simplemente se revuelcan en la depresión. Otros recurren a los esfuerzos en la carne. Muchos simplemente recurren a otras personas. La tragedia de recurrir a cualquiera de estas cosas o personas es que su ayuda o consuelo es solo marginal en el mejor de los casos, e ignora lo que Dios ha provisto para brindar nuestra estabilidad necesaria.

David encontró la respuesta correcta. Él escribió: “Este es mi consuelo en mi aflicción: porque tu palabra me ha dado vida” (Sal. 119:50). En medio de la debilidad, incluso cuando se sentía extremadamente abatido, el tiempo que pasó en la Palabra de Dios le trajo vida espiritual, consuelo y la fuerza que necesitaba. El alcance de la ayuda que recibió está indicado por su testimonio en el versículo 71: “Bueno me ha sido ser afligido; para que pueda aprender tus estatutos.” Sencillamente, permitió que Dios supliera su necesidad tan adecuadamente que su tragedia se convirtió en un triunfo al volverse a las Escrituras.

No solo debemos encontrar personalmente que la Palabra de Dios es la respuesta a todas nuestras necesidades, sino que también debemos presentar las Escrituras a otros como la respuesta a sus necesidades. Eso es lo que quiso decir el apóstol Pablo cuando instruyó a los filipenses a estar siempre “manteniendo [es decir, presentar u ofrecer] la Palabra de vida” (Filipenses 2:16). Su ministerio a los perdidos debía ser realzado por la conducta más “irreprensible” (2:15), mientras compartían el evangelio con otros y aplicaban la Palabra de Dios a la vida diaria. Pero su ministerio debía ser empoderado al promover las Escrituras (no argumentos, lógica o lugares comunes) en los corazones de aquellos con quienes buscaban tener un ministerio. Este fue el patrón que les dejó el Apóstol Pablo. Él les ofreció la Palabra de Vida; ellos lo creyeron y fueron salvos. Más tarde, su carta los equipó aún más para sus necesidades presentes en medio del sufrimiento. Fue esta práctica de presentar la Palabra de Dios a otros, sin importar la necesidad individual, lo que hizo que el ministerio de Pablo fuera tan efectivo. La Palabra de Dios tiene poder real porque es un mensaje divino del mismo Señor Dios Todopoderoso.

La Palabra de Dios es la respuesta a la necesidad de cada alma humana. Ya sea que la necesidad sea la vida eterna, las respuestas a los problemas actuales, el consejo sobre qué hacer, el consuelo en la prueba o la comprensión de los eventos futuros, el Señor tiene la intención de que la Palabra de Dios sea nuestra fuente de fortaleza y poder. Corre hacia él y anima a otros a hacerlo, en lugar de recurrir a cualquier otra fuente.